Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

lunes, 26 de marzo de 2018

CORAZONES MERCENARIOS



CORAZONES MERCENARIOS



Esta es la tercera novela de ficción histórica que escribo, por placer, simplemente porque me gusta y, al publicar, lo único que pretendo, además de compartir estas historias, es mantener, sobre todo, el respeto hacia el lector. Es una novela escrita con mucho cariño y con el único propósito de entretener. En la línea de las anteriores, además de histórica, intento conjugar el romance y algo más para que la historia no se quede simplemente con el trasfondo sentimental; por este motivo, y a pesar de estar catalogada como romántica, Corazones Mercenarios se transforma en una novela de aventuras un poco atípica. Algunas personas que lo han leído, incluso dicen que tiene un toque de novela negra, con cierto misterio y alguna que otra sorpresa... eso ya va en la percepción de cada uno, por supuesto. 

Si en la anterior novela me quedé en el valle del Nalón, en la Alta edad media, intentando recrear lo que pudo haber sido la corte del rey Aurelio, en Corazones Mercenarios no me voy muy lejos. Permanezco en el Norte de España, en un pueblo ficticio cercano a la frontera vasco-francesa, ambientándola en el s. XVII. Este siglo se caracteriza por el ocaso del imperio español en Europa, aunque ésta ya sufría en toda su extensión una aguda crisis económica. Como suele suceder, a los años de carestía y hambre se unen las enfermedades, y la peste azotó con crueldad muchas ciudades, no una ni dos veces: las epidemias dejaban a las ciudades y pueblos más muertos que vivos. La mentalidad social imperante, marcada por el desprecio al trabajo agravó la crisis social y económica. El hidalgo ocioso y el pícaro se convirtieron en arquetipos sociales de las España del Barroco.

Me alejo de unos y de otros y me quedo con el mercenario de fortuna, el que vendía sus armas al mejor postor. Cuando las guerras iniciadas por el imperio español llegaban a término, por ejemplo la de los 30 años (que fue tremenda), un sinnúmero de soldados quedaban desamparados sin saber desempeñar otro oficio que no fuese el de dar matarile al prójimo. Y así se llenaba el país de rufianes y asesinos. 
Era una sociedad muy marcada por los valores aristocráticos y religiosos, y se les llenaba la boca con el honor y la dignidad; por esto, cualquier ofensa, por tonta que fuera, acababa en duelo. Eso, unido al pensamiento de que trabajar con las manos era una cuestión chunga, o sea, que manchaba la dignidad del que curraba, nos lleva a la cuestión de que en España los pobres no tenían ni honor ni ná… por el contrario, los nobles, apoyados en su estatus, tenían un montón de privilegios: no pagaban impuestos, no podían ser encarcelados por deudas, como ahora más o menos, y si llegado el caso, eran por algún motivo condenados a muerte, no podían ser torturados y era impensable que fuesen ahorcados, sino que tenían la dudosa distinción de ser decapitados.
España estaba hecha polvo pero en lo referente a la cultura, vivió una época de auge sin precedente. Iniciado el siglo con la figura de Cervantes (1547-1616) y su "Quijote" (1605 y 1614), las letras hispanas brillaron con figuras como Quevedo, Lope de Vega o Góngora. Fue una época de esplendor artístico. Velázquez, Zurbarán, Murillo, Ribera… son algunos de los más destacados genios de la pintura de toda la historia.
La curiosidad me empuja a escribir sobre la actividad ballenera que se ejercía en el Cantábrico, iniciada por los vascos siglos atrás. Con la cabeza llena de tanta historia, prefiero irme a un humilde pueblo, donde puedo manejar a los protagonistas con comodidad.

Bastien Dufort es un joven mercenario francés venido a menos por una involuntaria metedura de pata en el campo de batalla con el duque de turno. Este duque, además de beato e hipócrita, ostenta una cornamenta que ya quisiera el padre de Bambi. Mediante el chantaje obliga a Bastien a iniciar una misión que le pone los pelillos del cogote de punta. Porque una cosa es matar en un lance cara a cara y otra la que el duque le propone. A este chaval, que nunca ha matado por matar ni por placer, no le queda más remedio que aceptar la propuesta e iniciar el viaje que conduce sus pasos a
donde no quiere ir ni en sueños; va a necesitar toda su paciencia, astucia, inteligencia y discernimiento para superar todos los obstáculos físicos y mentales que se le interponen, y los obstáculos más difíciles para él son los que afectan a su corazón, vacío de sentimientos hasta ahora y que empieza a latir y anhelar, sin ser consciente de ello, la recuperación de sensaciones (unas olvidadas y otras desconocidas hasta este momento).
En este viaje, en uno de los pueblos por los que pasa Bastien, va a conocer a Alda, una joven humilde que pertenece a una familia de pescadores de la cornisa norteña. Ella es el contrapunto de Bastien, su equilibrio y desequilibrio... la persona que lo mueve, queriendo o no, encaminándolo hacia su redención. Alda es una mujer marcada en todos los sentidos.

Esta muchacha es objeto de desprecio por parte sus vecinos debido a las arraigadas supersticiones, que aún hoy permanecen latentes en el ámbito marinero. Por ejemplo era muy usual que los tripulantes se tatuasen un crucifijo en la espalda, porque si se emborrachaban, el castigo más usual era el de los latigazos, y creían que el contramaestre no se atrevería a levantar el látigo contra la imagen de Cristo; o la prohibición de silbar, porque se creía que atraía fuertes vientos; una de las creencias más misóginas que se tenía, era la de que llevar a una mujer a bordo traía la desgracia... pues por ahí mismo va la desgracia de mi protagonista femenina, que tiene, además del sambenito de ser señalada constantemente, el recordatorio a modo de cicatriz en el rostro. Me apetecía mucho que los protagonistas no fuesen perfectos, como suele suceder en este género, en el que casi todos lo son: él es alto, divino, héroe, y ella es bella sin parangón...

Esta mujer sabe que si no actúa de un modo u otro, se va a morir en la indigencia, despreciada por todos y más sola que la una. Por ese motivo decide acompañar a Bastien en su viaje, a pesar de que él no las tiene todas consigo. 
Como cabe esperar, de este modo surgirá una relación complicada entre ambos de amor-odio-desprecio-deseo... Y acabarán liándola. 
Se van a encontrar con algunos percances y gentes de todo tipo, como por ejemplo un clan de gitanos, tal y como vivían en aquella época; esta gente siempre fue injustamente despreciada y eran perseguidos constantemente por la justicia, por lo cual su vida nómada era de lo más normal. Tenían sus propias creencias y sus leyes, sus ritos y sus desgracias, agudizadas por su origen. Resumiendo, este viaje que realizan los protagonistas va a terminar siendo un camino hacia la liberación, y el reencuentro de sus propias vidas, tal y como debían haber sido desde el principio, con un final que no os voy a desvelar por no despachurraros más la novela... 

En fin, por aquí van los tiros de Corazones Mercenarios, una novela escrita por placer, sin mayor ambición que la de proporcionar una tarde de sofá y manta, si os apetece pasar un ratín sin más, leyendo las aventuras de Bastien y Alda. Y yo, súper contenta y agradecida de que les deis una oportunidad. Muchísimas gracias a todos. 



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