Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

viernes, 21 de abril de 2017

MISS BOCARTE

Miss Bocarte

Me diréis que soy un plomo pero no lo puedo evitar. A pesar de los carteles y de los cromos que me adulan, y de los siglos que llevo a remojo con la cola de pescado y los pechos cubiertos por cáscaras de ostra que me rozan los pezones, y de que ni por suspiros ni por languideces me rescata el príncipe que sí tiene dos patas, he decidido poner una queja en toda regla ante el filósofo que lleva el tema este de los cuentos.
Ya habréis adivinado quién soy, pero no me conocéis en realidad. No tenéis ni idea, de verdad. Dicen por ahí que algunos me escuchan cantar. ¡Ja! ¡Y yo a ellos eructar! Cuando se toman dos o tres barricas de ron, de la que van a Jamaica, y mean por la borda, y de paso echan la pota. Les juro señores, que nada más lejos de mi intención está el entonar canción alguna, ni enamorarme de marino o de cabeza coronada campechana; suelen ser borrachos y rarunos: no tengo yo el horno para tantos humos. ¡Qué cansino y qué aburrido es ser sirena! Aquí, mi amiga la ballena, pletórica de plancton, se va de picos pardos a ver si liga con un tiburón  —Fassbender, corres peligro, pon atención—, y me aconseja muy ufana: tírate a alguno que sea majo, te hace falta una alegría, tía quisquilla. Y yo le hago una mueca mientras pienso: casi tiene razón.
Me confieso, esta soy yo: quiero un plato de carne fresca, un buen filete, un cachopo suculento, nada pido del otro huerto. También un par de enaguas, mucho mejor si son bragas, de quita y pon, para cuando surja la magia esa de las piernas, pero me temo, que con la suerte que gasto, de esta me crecen alas y vuelvo a estar en las mismas: cansada de ser una mutación. Ni ligo ni me encamo, claro que no, pues me falta una parte del cuerpo, la más importante del esqueleto; no sean mal pensados ¡me refiero al corazón! ¿Qué esperaban? Solo soy una simple ilustración. El alma me pide gritar: ¡Disney, eres un cabrón! Pero no, ante todo que prime la educación.
Y aquí van más quejas: ¿qué me dicen de la melena? Siempre húmeda y encrespada, por mucha perorata que largue el tal Llongueras, a mí no me soluciona nada. Me salva el ser pelirroja, porque esta noche nado hacia el mar de Escocia, a ver si inspiro a la Gabaldón y pego el pelotazo, me hago la cirugía y  finalmente visto con pantalón.
 Si algún día me rindo será debido al mercurio de los vertidos que se me ha incrustado en las escamas de la ventrisca; disculpen si me expreso de forma tan arisca, pero esta vida mía tiene miga, y no me refiero a la que lanzan los guiris que chistan a los delfines desde el bote de un biólogo de acuario. No, eso no me importa en absoluto, porque suelo aspirar el humo de sus canutos desde proa, y me relaja un montón; sino que me refiero a este sinsabor, a este despropósito del destino que me hace patalear con la orejas al son de las almejas que me miran ojipláticas y boquiabiertas a la par que me cantan a coro burbujeante: Nenita, has perdido la razón.
Resumiendo, todo esto viene a cuento de que, a veces una que es sirena no serena, echa espumarajos por la boca y así se desahoga, se escaquea de su padre el del tridente, siempre tan pendiente; de las hermanas perfectas y paletas que no saben lo que es un tenedor; del cangrejo castañuela y la abuela puñetera, quien me acusa de hablar así debido al resacón, —y no se refiere a la mareona asturiana, no—, ¡qué poca imaginación! ¿A dónde va ir una pobre sardina como yo de botellón? Denme opciones, direcciones, háganme este favor si les llega mi mensaje en Morse, pues ustedes bien saben que no poseo ni una pizca de voz, y lo que aún es peor: ni un buen libro que ilumine mi sesera. Pobre de mí...
¡Qué invierno me espera en esta nevera!
 Suya, siempre suya:
La Peza, con su queja.

  

2 comentarios:

  1. Olá Beatriz, caso não conssigas a carne suculenta, o que sem dúvida é muito bom, fica ainda a esperança de que possas ler um bom livro. Parabéns.
    Um abraço.
    Pedro

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