Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

lunes, 2 de enero de 2017

La madrastra de Hansel y Gretel estaba hasta la peineta.


 Esta ilustración pertenece a Gemma de los Santos
http://gemmadelossantos.blogspot.com.es/2014/01/
progreso-de-hansel-y-gretel.html

Banca, la  extraña visita carente de alas etéreas o belleza angelical, se instaló en la aldea de Hansel y Gretel, sin aviso previo ni empadronamiento pertinente para desbaratar la bucólica y apacible existencia del lugar. La madrastra de ambos, lavandera a tiempo completo en las gélidas aguas del río y ama de su casa, contemplaba aturdida cómo  la recién llegada exhibía un poder extraño, malicioso, deprimente, y carente de pudor ante la humilde comunidad de vecinos que, poco a poco, fueron perdiendo la sonrisa y las ganas de vivir en general. Se lo comentó a su esposo, a la par que ocultaba sus enrojecidas manos bajo el delantal, cierto día que el leñador regresó al hogar hastiado y agotado de talar cuatro troncos flacos y verdes que apenas servían para alimentar la chimenea sin llenar la pequeña casa de humo asfixiante. Una noche más, tendrían que cubrirse con las mantas confeccionadas de pequeños retales extraídos de los sacos de altramuces y pegar saltitos por el pequeño corredor para entrar en calor antes de irse a la cama.
Hansel y Gretel les miraban con pena y, conscientes del sufrimiento de sus padres, decidieron que había llegado el momento de llevar a cabo su plan para ayudarles; dicho plan no era otro que aceptar la generosa propuesta de Banca. Podrían obtener cuanto desearan a cambio de poca cosa.
Banca “la poderosa”, aquella bruja callada y desconocida, les había ofrecido todo tipo de golosinas: créditos, hipotecas, avales, tarjetas que inducían a compras impulsivas del momento, por las que solo exigía un par de menudencias a cambio. Los muchachos aceptaron porque nada tenían que perder, nada les impedía aceptar en el eterno y mísero bucle en el que se hallaban inmersos.
La vida de la sufrida madrastra dio un giro a la derecha de la calle Serrano, el padre montó un tinglado de inversiones fantasmas para las marionetas estelares del teatrillo ambulante en el que Pinocho era la estrella rutilante del momento, y colgó el hacha y la sierra en la pared misma de su camerino, como advertencia implícita contra posibles “espantás”.
En líneas generales, la bruja Banca les había trocado la miseria por avaricia, convirtiéndolos a todos en capos de la economía, en odres rebosantes con la tripa llena de pitanza y bienes materiales. 
He aquí que, llegados a este punto del cuento, los zagalillos le tomaron gusto al tema de irse de marcha por las noches y casi siempre volvían con tal grado de embriaguez que no acertaban a aparcar el cuatro por cuatro en el jardín trasero, en el que antaño plantaran coles de Bruselas, y lo dejaban tirado en cualquier cuneta con las alfombrillas cubiertas de dudosos fluidos corporales y latas de Red Bull.
Banca siempre les excusaba, les perdonaba las faltas, les indultaba porque esperaba paciente y ávida la compensación que les pidió a cambio de tanta algarabía, dulce, caramelo, y tanto desahogo; estaba a punto de ser retribuida con la calma, la paz y la placidez de una almohada seca de lágrimas, mucho, mucho insomnio, y miedo a perder todo lo adquirido. En una palabra, el alma misma convertida en corchopán. 
Hansel se liaba con todas las pibitas que se le ponían a tiro hasta que tuvo un mal cálculo y metió un golazo por toda la escuadra, con el consiguiente escándalo parroquial a todo bombo, nunca mejor expresado, y se tiró nueve meses dándose cabezazos contra la máquina expendedora de profilácticos que había en la taberna de la esquina.
Gretel, pensativa mientras le hacían las mechas californianas en la peluquería, llegó a la conclusión de que el precio era demasiado elevado y dudó de su existencia por primera vez, y porque la resaca la tenía amargada. Se vio reflejada en el espejo de cuatro lunas y supo por revelación espontánea que se había convertido en una caricatura de la que un día fue, en una ilustración barata y mediocre con bolso de poli piel y gafas de mercadillo. Ese descubrimiento la hizo llorar y corrió a casa, abrazó con cuidado a la madrastra que acababa de estrenar blusón de seda, y pidió a su padre que se largaran de allí cagando leches hacia otros pastos, a cosechar jarabe de arce y recoger cebollino rodeados de gallinas y conejos. Que aquello no era plan de un día, era un plan para siempre; Banca y su hermanastra Crisis los tenían enganchados por el cuello con sus manos invisibles y cúbicas, y se ahogaban en un mar de aluminio, sin aire ni pulmones, sin trinos alegres ni tesoros escondidos.
Hansel y Gretel no volvieron a consumir setas sin el asesoramiento del buen padre, quien solía hallarlos tumbados en el prado, delirando acerca de brujas prestamistas.
Cuando llegaron a la casa les recibió una nota escrita con prisa y clavada de un taconazo a la puerta con una chincheta plateada:

“Estoy hasta la peineta de vosotros, haraganes, ¡zánganos!, ¡más que zánganos!, otra vez os habéis olvidado encima del piano los currículos… ¡así no hay manera!

Me marcho de viaje, a ver si despejo la mente y me doy pomadas en las llagas. Esposo, te espero en Los Picos de Europa, en la cabaña del pastor, con queso y leche de la buena, y un fin de semana a solas, tú y yo…

Los señoritos tienen la cena en el horno, ¡mañana que lo intenten de nuevo!

Mamá.

5 comentarios:

  1. Olá Beatriz.
    Muito boa a sua narrativa. Gostei muito. Parabéns.
    Um ótimo Ano Novo.
    Abraços.
    Pedro.

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    1. Gracias Pedro, te envío un saludo cordial. ¡Feliz Año Nuevo!

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  2. Bom dia Beth! Bom domingo para você e sua família! Vim bordar este recadinho para vocês me desculpando pela ausência. Estou confeccionando adereços para o carnaval e em breve publicarei novidades para vocês!
    Abraços em todos, beijos no <3
    Fiquem com Deus
    ♥Hilda's Bordados♥

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