Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

viernes, 7 de octubre de 2016



EL PRÍNCIPE PERDIDO
Este relato fue seleccionado como finalista en el
Certamen Internacional de relato corto
 Harvey Milk Harvey Milk 2013




Relatar mi historia forma parte de la cura a la que someto a mi alma y, sin respirar, le arranco los apósitos que han cubierto las heridas incapaces de cicatrizar por sí mismas. Han permanecido abiertas durante tanto tiempo que ignoré cualquier bálsamo capaz de aliviar el dolor. Esta noche, mi hijo me ha pedido que le relate de nuevo la historia del príncipe perdido, consciente de que escucha la historia de su padre, el hombre al que amé; el hombre que me encontró perdido en un mundo desigual en el que no hallaba mi lugar. Ahora plasmaré sobre el papel la historia del verdadero príncipe. Cuando nuestro pequeño sea un hombre, y comprenda que evité los detalles del relato, sabrá que los omití por la crueldad que en ellos se encierran.
Husaam y yo nos conocimos en el exclusivo colegio inglés al que nuestros ambiciosos padres nos enviaron. Él pertenecía a una de las familias más poderosas del país que no mencionaré por cobardía, porque aún me estremezco cuando lo oigo mencionar. Era un muchacho arrogante, desenvuelto, poseedor de todo aquello que deseaba; habituado a lujos inimaginables, su poder de atracción proyectada con la fuerza de un imán poderoso, le rodeaba de la élite del campus, siempre tenido en cuenta y en el punto de mira de los más ávidos conquistadores. Más allá de cualquier expectativa que yo pudiera tener, una tarde cualquiera se fijó en mí, el apocado y tímido joven que intentaba pasar desapercibido; en mí... que soñaba cada noche con las dunas del desierto y con aquellos ojos negros y misteriosos del nómada ataviado con turbante de seda, amándome a la luz de la luna oriental embriagada por el olor de las especias; el muchacho que espiaba cada uno de sus movimientos y conocía cada rictus de aquel rostro bello que transmitía promesas de calidez. Ese era yo.

Las circunstancias de nuestro primer encuentro fueron especialmente humillantes para mí durante la agresión habitual con las palabras que levantan muros y la risa de la concurrencia ante las imprecaciones de siempre: marica, come-pollas... y un largo etc. de sinónimos que me asombraban por la facilidad con que eran hallados para describirme. Husaam me parapetó bajo su manto de respeto, alejó a los cobardes de mi vida y, finalmente, mis sueños se cumplieron. Tras finalizar nuestros estudios, viajamos por Europa, me llevó de la mano por las encrucijadas de la vida que me atormentaba con despropósitos inventados en mi confusa mente. Y me amó. Nos amamos al borde del abismo que amenazaba nuestra relación. Su país de origen, la cultura estrictamente intolerante y la religión acusadora de la que provenía, le impidieron regresar a sus raíces. Yo era su hogar, me decía, tras hacer el amor en las cálidas aguas del Adriático, o en cualquier otro destino al que huíamos, perseguidos por las fabulosas ofertas económicas de los padres ofendidos, que veían como las abominaciones que habían salido de sus entrañas se olvidaban de las reglas y el orden preconcebido. 
Nos casamos una tarde cualquiera y, establecidos, felices e ignorando al mundo, vivimos la pasión y el encuentro milagroso que nos unió. Tras varios años de tranquila armonía, llegó tras sufrir en el purgatorio burocrático, la más atroz de las penitencias, la ternura de la adopción. Nos miramos a los ojos y supimos que aquel bebé enfermo nos necesitaba, teníamos mucho que ofrecerle: cariño, cuidados y esperanza; una familia real en la que crecer… Sin dudar ni un ápice, pasó a formar parte de nuestra vida, con la certeza de que hacíamos lo correcto. Aún nos sobraba mucho amor y nuestro pequeño se introdujo por cada resquicio del alma única que Husaam y yo constituíamos. Nuestro hijo superó con muchos tratamientos y tesón la enfermedad que le aquejaba, y alegró nuestra casa con innumerables noches de llantos que nos volvían locos, pañales sucios y catarros esporádicos, risas y monerías, caricias y primeros balbuceos. 
La felicidad no se puede mencionar en voz alta porque estoy convencido de que se desintegra al ser aludida.
Mi esposo recibió un telegrama en el que su madre, aquella que había pasado su vida tras la oscuridad del burka, la que se escapaba para enviar escuetos mensajes que siempre finalizaba con las palabras “hijo mío”, lo reclamaba. Se moría. De nada sirvieron mis súplicas. Mis ruegos chocaron con la pertinaz decisión que Husaam tomó. Lo vi partir con el corazón encogido de miedo; nos despedimos en el aeropuerto sin saber que sería la última vez que nos abrazaríamos; aún siento sus labios sobre los míos susurrando un último adiós. A pesar de todas las precauciones tomadas y los cambios realizados en los documentos, lo arrestaron en cuanto puso los pies en su tierra. Era demasiado conocido, demasiado valiente; desafió al mundo como un halcón salvaje. Por sus venas fluía la rebeldía ancestral de los príncipes guerreros de los que descendía. 
La acusación fue respaldada por las fotografías que nos fueron tomadas furtivamente en Europa; de nada sirvieron los alegatos de la defensa, pues no existe peor poder que el que se asienta sobre la intolerancia y la ignorancia. 
Mi marido fue condenado y colgado por el cuello hasta morir. Su dedo anular fue sesgado por llevar la alianza de matrimonio con mi nombre grabado.
Esta noche le cuento a mi hijo la historia de lo valiente que fue su padre. Le relato que se perdió luchando contra un dragón que escupía llamas de injusticia;y nuestro niño toma su fotografía y estampa un sonoro beso sobre ella.
Algún día no muy lejano conocerá la historia del verdadero príncipe perdido, aquel que murió por amor.

1 comentario:

  1. Estou alegre por encontrar blogs como o seu, ao ler algumas coisas,
    reparei que tem aqui um bom blog, feito com carinho.Posso dizer que gostei do que li e desde já quero dar-lhe os parabéns, decerto que virei aqui mais vezes.
    Sou António Batalha.
    Que lhe deseja muitas felicidade e saúde em toda a sua casa.
    PS.Se desejar visite O Peregrino E Servo, e se o desejar siga, mas só se gostar, eu vou retribuir seguindo também o seu.
    Peregrino E Servo.

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