Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

domingo, 10 de abril de 2016

ENIGMA



La casa de la abuela, tan vacía sin su presencia, despedía un ligero suspiro de cansancio. Las bisagras y contraventanas emitían quejidos lastimeros y los viejos abrigos ocultaban en los bolsillos pequeñas bolas de naftalina que despedían el aroma de lo indestructible; los viejos rosales del jardín crecían salvajes, enredados a lo largo del camino que conducía a la entrada. Traspasamos la vieja verja con la esperanza de que ella nos estuviese esperando con la bandeja de galletas o alguno de sus sabios consejos; incluso deseábamos las merecidas recriminaciones que, con voz pausada y firme, nos hacían aterrizar de nuestros egocéntricos universos. Pero ella ya no estaba allí. Se había marchado para siempre dejándonos la pequeña casa de la aldea, con la condición de que no se la vendiésemos al alcalde, quien llevaba décadas persiguiendo su parcela para construir un par de chalets modernos y disfrazarlos de casas rurales con la finalidad de atraer a los turistas ocasionales.
Ninguno de nosotros teníamos la intención de desprendernos de la vieja casa. Habíamos pasado demasiados buenos ratos en ella y algo nos decías que mancharíamos su memoria si negociábamos con su legado. ¡Sería capaz de armarnos la marimorena desde la tumba! 
Algunos muebles estaban demasiado viejos y apolillados, pero ella los pulía con esmero y brillaban desafiando el paso de los años. Era tan tozuda que, el día que le sugerimos mudarse a una residencia para recibir mejores cuidados y compañía, nos retiró los tazones de chocolate caliente y nos mandó a paseo. Por supuesto nunca más volvimos a mencionar el tema. Nunca conocimos al abuelo. Se había muerto en la guerra, en una batalla de las “gordas”, como ella misma contaba, dejándola con dos hijos pequeños y sin una perra gorda. Tan joven, tan guapa, tan sola… 
Pasó el resto de su viudez guardando luto. No le faltaron propuestas de vecinos interesados, a los cuales siempre rechazó.
La sorpresa surgió de un cajón olvidado repleto de viejas cartas de amor. Nos dejó asombrados la existencia de un hombre sin rostro. Ella había sido una nube en su cielo, una ortiga en su prado, una herida en su alma... 
Ella siempre fue un misterio que jamás llegamos a descifrar. 





1 comentario:

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    Bom dia!!
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    Beijos no ♥
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