Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

miércoles, 30 de julio de 2014

ESA NIÑA

ESA NIÑA

Una pequeña colaboración para la Revista Los Cuatro Bancos, que me enviaron esta foto perteneciente a La Memoria Digital de Asturias,  para que elaborase una pequeño relato de ficción sobre  la misma.
¡Gracias amigos por contar conmigo!


Ella miró a la cámara y se olvidó por un segundo de que estaba entre sus brazos para quedar inmortalizada, eternamente joven e ingenua, feliz y resplandeciente. Había esperado con impaciencia el momento en el que él se decidiera a pedírselo, y finalmente lo hizo. Con su seriedad habitual, mitad timidez, mitad inseguridad, cruzó el improvisado salón de baile, aquel parque que cada sábado se convertía en testigo de tantos encuentros al son de la música, y haciendo a un lado sus temores, le dijo: —Baila conmigo.

La joven aceptó con gusto y sin titubear. Olvidó por completo la discusión que suscitó en la familia la elección de su vestuario al ponerse aquella falda de tablas, a todos les parecía demasiado corta, y las horas empleadas en que su madre accediera a prestarle sus pendientes preferidos, los buenos de perlas gordas. Se había planchado el pelo sobre el mármol de la cocina porque la rosca de la noche anterior se había deshecho con las vueltas inquietas sobre la almohada y su aspecto no era el esperado. Las palabras de la abuela, persignándose al verla bajar las escaleras se le quedaron grabadas: “Esta niña es una rebelde, nos ha salido jipi, mira que llevar esos tacones sin medias…”
La niña había hecho caso omiso a todo; se había pintado las uñas en el balcón con el último color de moda de Avon y tras una ligera rociada con Azur de Puig, estaba lista para pasar la tarde en compañía de sus amigas en el parque. 

Tomaron churros con chocolate, pasearon de arriba abajo dejándose ver y encontraron libre uno de “los cuatro bancos”, en el que bajar la merienda y subir el tono de las risas hasta que la orquesta comenzase a tocar. Ellas a un lado, ellos al otro, retándose con miradas cargadas de intención, coquetos movimientos de cabeza y cruzando las piernas para que nada fuese visible.
Nada tenía importancia ya, porque estaba entre sus brazos; los notaba fuertes, posesivos, protectores… y se dejó llevar. Dieron vueltas sobre el pavimento sin reparar en nada ni en nadie; su mejilla bien rasurada le acariciaba la frente, notaba su respiración agitada y los labios masculinos sobre la sien murmuraron algunas palabras que apenas llegó a comprender.

Ella se sabía envidiada, era el más guapo y nunca bailaba, pero ese día se quitó la impoluta chaqueta y jaleado por el par de tontos que siempre le provocaban con aquella morena preciosa que lo traía loco, se dirigió a ella ante la atenta mirada de decenas de ojos. Los pocos metros que los separaban le parecieron kilómetros, sentía la boca seca y las palabras que había ensayado se le olvidaron. Se dijo: “Ahora o nunca”. 
Era el momento más importante de su vida. Cuando le susurró algo bajito, ella no lo entendió, estaba mirando hacia la cámara y demasiado emocionada para escuchar otro sonido que no fuese el latido apresurado de su propio corazón mezclado con el ritmo de la canción que los hacía girar una y otra vez.

Hoy, con la misma seriedad que le caracteriza, apoya el bastón en la pared durante algunos minutos, se atusa el poco pelo que le queda y la toma de nuevo entre sus brazos. La niña sonríe. Como cada sábado al atardecer, suena la música, sus tacones son de un ancho especial, tiene los tobillos un tanto hinchados por la artrosis y los pies ya no son tan ágiles como entonces. En la salita que sustituye al parque, sobre una de las repisas, la foto preside la estancia. Aquel baile fue el primero de muchos. Él acerca los labios a la frente de su mujer y le vuelve a repetir como el primer día, un “te quiero” bajito….



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