Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

lunes, 10 de marzo de 2014

LA BELLA SAMANTHA (RELATO PREMIADO EN LA 4ª EDICIÓN PREMIOS HISTORIAS DE ÉPOCA-EDITORIAL dÉPOCA)



Nadie en la comarca se atrevía a cuestionar el porqué de las constantes ausencias del recién casado. Los jóvenes parecían hechos el uno para el otro: Lady Samantha, la más bella, distinguida y engreída muchacha que pisara la parroquia y el atractivo, arrogante y despectivo Lord, que ninguneaba sin pudor a cualquiera que no ostentase su elevado rango en la reducida sociedad local, eran tal para cual y el núcleo de las conversaciones susurradas en las cocinas, en las reuniones de viudas y sobre todo en la propia morada de la pareja, donde los padres de la joven convivían con ellos y con una prima lejana, Juliet, huérfana y sin medios, a la que habían tenido a bien socorrer. Excepto la recién casada, los miembros de la familia sospechaban que los motivos por los que el caballero viajaba semana tras semana hacia destinos desconocidos, se debía a algo más que a simples reuniones de negocios, partidas de caza o naipes, pero ninguno osaba preguntar. Lady Samantha, agradecía las idas y venidas de su esposo, ya que tras el ofuscamiento inicial de desposarse con aquel hombre por el que su prima Juliet había confesado tiempo atrás, sentir algo más que amistad, se había percatado compungida de que los deberes conyugales no eran de su agrado y el sentimiento de asco que le produjo su noche de bodas se reproducía cada vez que él intentaba tocarla. No soportó que la despeinara, ni que mancillase su blanca piel, dejándole rubores persistentes en zonas del cuerpo que no se atrevía a examinar por vergüenza y asco. Los labios, hinchados tras los apasionados besos, deformaron la homogénea estructura de su rostro, certificando lo que había sucedido, y se quedó en su alcoba durante horas, aplicando paños fríos en los mismos, hasta que todos sus rasgos volvieron a su estado natural, cercano a la pureza de las ninfas etéreas que ilustraban los libros de la biblioteca. El esposo, supo que había errado en su decisión al elegir compañera, a pesar de la cuantiosa dote que engrosó sus rentas y suavizó el ligero dolor de ignorar a la amable prima de la familia por la que sintió cierta inclinación inicial. Ignorando el fracaso, siempre era atento con su mujer, a pesar del odio que sentía crecer en su interior hacia la caprichosa, estúpida e infantil muchacha, que recibía con ridículos grititos de placer y asombro los regalos y pequeños presentes que él le traía de sus viajes: Una pequeña polvera, pomadas, perfumes y colirios para resaltar su belleza, telas de satén y encajes franceses, pequeños zapatos con borlas y flecos dorados, todo un repertorio de chucherías que la entretenían durante las horas que él permanecía en el hogar, hasta que volvía a partir.

Ella se presentaba ante él para ser objeto de admiración, cual virgen de alabastro, intocable, pura…, y tras compartir una taza de té, se retiraba rauda al invernadero o a cualquier otro refugio, fuera del alcance de posibles solicitudes de carácter conyugal.
Los ancianos y la prima, se mostraban halagadores, vertiendo todo tipo de cumplidos cuando Samantha se paseaba por el salón, como una muñeca de porcelana, impecable, pulcra y radiante. Cada tarde se exhibía como parte de un ritual no pactado, en el que ella era el único punto del universo digno de ser tenido en cuenta.
El día que su entrada triunfal se demoró demasiado, enviaron a una de las doncellas a preguntar las causas, y lo que recibieron como respuesta, fue los gritos aterrados e histéricos de la misma. Samantha yacía muerta sobre el sillón de su tocador.
En una pose teatral, sus ojos inertes enfocaban el espejo, con los rizos prietos y la muselina impecablemente extendida hacia los laterales para evitar arrugas, parecía un ángel dormido. Sobra decir que no existían indicios de enfermedad en aquel cuerpo perfecto, y por supuesto ningún síntoma de agresión o señal que delatara los motivos del fallecimiento. Todo se tornó caótico. El doctor sólo pudo certificar la muerte de Samantha por causas naturales que escapaban a su entendimiento y las autoridades no observaron motivo de investigación; el joven acudió compungido al sepelio de la esposa, franqueado por los suegros y la prima, que aceptaba con agrado la misión de ofrecer consuelo al viudo. Tras varios meses de luto, Juliet accedió a contraer matrimonio con él, ante la mirada atónita de la localidad. Los ancianos se mudaron a una pequeña villa en el campo para evitar aquella ofensa que se cometía hacia la memoria de su adorada hija y Juliet resultó ser la antítesis de la frialdad; su pasión desbordaba cualquier expectativa del hombre, que sudoroso, la miraba embelesado cada noche tras hacer el amor una y otra vez hasta el agotamiento carnal.

Una de aquellas noches, en las que se había quedado dormido, un ligero sonido lo despertó y pensó estar soñando cuando contempló a su nueva y ardiente esposa, ataviada con uno de los preciosos vestidos de la difunta en los antiguos aposentos de la misma. Sentada ante el espejo se maquillaba el rostro con las reliquias que los criados habían olvidado en los cajones ocultos del secreter, plagado de rizadores y lacas, coloretes y perfumes. Furioso, se lanzó como un poseso hacia ella e indignado y colérico, le tomó el rostro por el mentón con rudeza, para frotar y borrar con una sábana cualquier vestigio de lo que había sido el pasado, no quería que ella le recordase ni por segundo, la desgracia ocurrida. Así se lo ordenó, a la par que arrojaba al fuego de la chimenea toda aquella basura. Juliet, le aseguró que sólo había sido una chiquillada. Ella no necesitaba artificios, le explicó él, endulzando el tono de voz ante el semblante asustado y cremoso de su nueva esposa. La abrazó y por encima de su hombro observó aliviado como las llamas consumían los productos impregnados de albayalde y belladona, que por cierta cantidad de monedas se habían administrado con discreción y una generosidad inusual en los potingues de la Bella Samantha, en algún oscuro callejón de Londres.

4 comentarios:

  1. ¡¡¡Mis aplausos escritora!!!
    Una historia estupenda que engancha desde las primeras frases y que mantiene el interés hasta el final
    Muy buena

    Un besito

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  2. Gracias!!, me alegro que te guste!! un besazo!

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  3. http://dulcecautivalopez.blogspot.com.es/2014/03/aviso-importante-cambios-en-el-concurso.html

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  4. Querida amiga Beth, tu relato es impecable. Posee todos los elementos necesarios para que el lector descubra las peculiaridades de los personajes y aquellos sentimientos que enmascaran sensualidad, sexualidad belleza y pureza. Deseo y placer son imprescindibles cuando se requiere un amor completo con una persona supuestamente adulta. La exclusiva atención a las apariencias y los sueños, jamás realizados en su totalidad, no son nada más que el resultado de pequeñas mentiras innecesarias.

    Un cariñoso abrazo, querida amiga Beth.

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