Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

jueves, 21 de noviembre de 2013

DE HUESO Y CORAL ( RELATO GANADOR EN CATEGORÍA SENIOR IV CONCURSO H.P. LOVECRAFT)



El paso del tiempo erosionó el singular episodio,
borrando de la memoria colectiva lo sucedido en la
pequeña localidad costera doscientos años atrás. El último vestigio de lo acaecido permanecía inamovible y olvidado, fusionado con el paisaje marítimo, formando parte de una inclasificable curiosidad de la zona, peculiar por sus tradiciones e insólitas leyendas que hacían referencia a remotas civilizaciones y culturas bárbaras e incomprensibles, procedentes de las tinieblas de la ignorancia. El arrecife de coral y hueso que se extendía por el litoral era un pobre reclamo turístico que no podía competir con los viajes espaciales, el intercambio de almas o las atracciones médico-lúdicas que se disfrutaban durante los períodos vacacionales, razón por la que el lugar seguía anclado en un cómodo pasado, alejado de cualquier atisbo de progreso, descuidando cualquier semilla de avance social que intentara germinar en su aletargada existencia.

Coco, salió de su apartamento decidida a perderse en cualquier rincón remoto en el que nadie pudiese leer su señal, y vagó sin rumbo hasta quedar exhausta y sin combustible en su alocado peregrinaje estival. Comprobó que las coordenadas del asentamiento le eran desconocidas y se quedó en el territorio, que la recibió con amabilidad y cierto desinterés cuando les mostró su identificación. “Investigación Histórica”, rezaba su tarjeta, que era tanto como decir “metomentodo” de libro. Aquella gente se había hastiado de recordar, lo único que deseaban era pasar desapercibidos y continuar con sus aletargadas vidas. No necesitaban turistas ociosos, intrusos ocasionales y pasajeros, que trastocasen la pacífica comunidad, ni revivir la vorágine mediática que sus ancestros habían padecido.
A pesar de que Coco no tenía intención alguna de trabajar, su curiosidad innata, la impulsó a indagar sutilmente, no podía luchar contra su naturaleza. Desconocía el origen de aquella vasta amalgama que se extendía por la finísima arena de la playa, adentrándose paulatinamente en el mar, delineando un horizonte asimétrico de formas extrañas y policromas, esculpidas por el paso de las mareas sobre los esqueletos descarnados de aquellos que quedaron atrapados para siempre. Estaba hipnotizada por aquel descubrimiento que quizás elevase su rango en el ranking de la continua competición profesional, y decidida a desvelar un nuevo y anecdótico suceso, que ilustraría a cualquier despistado que por azar tomase alguno de sus informes para pasar el rato, porque bien sabía Coco, que el pasado importaba menos que nada, en un mundo que giraba en torno a la planificación del futuro con cientos de años de antelación. Su profesión era considerada de bajo rango, un mero pasatiempo, permitido siempre que no atentase contra los preceptos de la moral intachable, de que hacía gala la autoridad permanente, que ¡jamás! aceptaba críticas a su gestión, ya fuesen del pasado, presente o venideras. Sin embargo, ella, sentía un profundo respeto por su vocación y en más de alguna ocasión le había causado problemas aquella pasión que sentía, clasificada como desafortunada, por la verdad.

Hizo un alto en la taberna del puerto para refrescarse. El calor era sofocante y sudaba profusamente. A través del cristal de la jarra que se llevaba a los labios, observó el rostro de la mujer que le había servido cerveza fría y amarga con gesto de indiferencia. Las arrugas de su piel la hipnotizaban, ya no se veían surcos como aquellos en las ciudades, todos poseían epidermis hidratadas y tersas, atrás quedaba la lucha por el descubrimiento de la juventud eterna, hallazgo que dotaba a cada individuo de una pequeña porción de ilusión y desengaño, cuando la muerte se deslizaba en silencio y se los llevaba “jóvenes”, tras lustros de firme convicción de que jamás ocurriría lo más temido, y con infinita riqueza a sus descubridores. La viveza que prevalecía en los ancianos ojos la animó a entablar conversación, le preguntó cortésmente si estaría dispuesta a explicarle el origen de aquel fenómeno extraño que la mantenía intrigada desde que lo avistara por primera vez.

La mujer le replicó con apatía que acudiese a la orilla del mar: “Ve y observa, escucha su historia, ellos te la desvelarán, si consigues permanecer allí el tiempo necesario, con los ecos de sus voces, que retornan una y otra vez, ya que no consiguen el descanso ni la paz.” Su parquedad en palabras no daba cabida a insistencia insolente, así que Coco pagó su bebida y salió del local en dirección a la playa con la certeza de que tras el velo de silencio, no hallaría más que muros infranqueables del mismo mutismo.

El olor resultaba nauseabundo, el salitre cargado de amoniaco inundó sus fosas nasales golpeando con fuerza todos sus sentidos, provocándole un continuo e involuntario lagrimeo. La visión del lecho de algas acumuladas que se pudrían por el calor suscitó en ella una oleada de arcadas, el aire que inhalaba le resultaba tan pesado que sus pulmones se resistían y palpitaban dolorosamente contra su caja torácica. Tras varios minutos de adaptación, le resultó más fácil adecuar los latidos de su corazón a un ritmo más regular y se tranquilizó levemente. La visión de aquel bosque de despojos era magnífica, el color variaba de una formación a otra, dependiendo de la presión a la que habían sido sometidos por la implacable y continua erosión del agua. Examinó durante horas los huesos, su posición, el coral que se había adherido a su superficie, proporcionando aspecto de joya siniestra, marfileña y nacarada a cada pedazo, impidiendo la corrupción de los mismos.

Cada vez que tocaba la aleación de hueso y coral, sentía un desgarro, un grito que llegaba a sus oídos desde un pasado abisal, veía claramente lo sucedido y recibía cada mensaje como un impacto brutal en el espacio que destinaba en su cerebro para procesar los sentimientos. Resultaba aterrador:

Una mañana soleada, el mar estaba en calma y la playa atestada de gente, las familias habían acudido portando estandartes de colores, los amantes retozaban sobre la arena, los niños perseguían gaviotas que alzaban el vuelo indiferentes y las estrellas de mar extendían sus brazos sobre el fondo marino y se dejaban arrullar por la marea que lentamente ascendía. Una jornada trivial, con costumbres arraigadas de esparcimiento y relajado ocio, un día tranquilo, sin presentimiento de peligro alguno.

La versión de la industria Pro-Eternidad, que regía el destino de las personas, expresó sus más sinceras condolencias ante la magnitud del catastrófico “accidente”. En ningún momento se dudó de la inocuidad del vertido. Simplemente habían fallado los cálculos. La película transparente que se adhería al agua, pátina invisible e inodora, se convirtió en la red mortal y venenosa en la que todos perecieron, lentamente, sin posibilidad alguna de rescate. De nada sirvió la ayuda que intentaron prestar los cuerpos de auxilio, quedaban apresados a su vez en el instante mismo en que tocaban el terreno, los helicópteros desgarraban los cuerpos suplicantes, que atados por la cintura a los cabos, desconocían la fuerza con la que estaban afianzados en la arena y resistían el poderoso ímpetu de las máquinas hasta la ruptura total. Algunos se auto mutilaron desangrándose, gritando con desesperación ante la inminencia de una dolorosa muerte. Tras varios días atroces de impotencia, empeños extraordinarios y a su vez nefastos, las autoridades sanitarias alimentaron a los supervivientes mediante sondas, las imágenes en los medios de comunicación resultaban impactantes y elogiaban los recursos empleados para mitigar aquel desdichado incidente. Las víctimas que habían quedado atrapadas en pie, luchaban por no caer, exhaustos, en una batalla perdida contra la corrupción de la carne, la gangrena ascendía hedionda por las piernas y el shock hipovolémico, la hipotermia y la fatiga por falta de oxigenación eran los síntomas que precedían a la muerte. Los que habían sido sorprendidos en sus lechos multicolores, fallecieron al instante, dejando las huellas bizarras e inertes de sus siluetas sobre la superficie yerma y extensa de la playa.

Cientos de animales carroñeros perecieron a su vez, atraídos por el festín que les aguardaba en la costa, la fauna marina desapareció por completo, sembrando la oscuridad de las profundidades del más variopinto catálogo de especies. Cuando cesaron los lamentos y el duelo, la noticia era tan antigua en los medios de comunicación, que apenas era reseñada más que para mostrar imágenes morbosas de los infructuosos esfuerzos de los mandos al frente, convertidos en héroes ocasionales, lamentando el destino de aquellos desdichados, testigos incómodos del daño colateral que suponía la investigación de nuevas materias orgánicas destinadas al bienestar físico de las personas.

La muchacha se estremecía ante la percepción de lo sucedido y fue consciente de que su existencia corría peligro. Por obligación moral auto impuesta, debía desvelar a las nuevas generaciones el pasado histórico, con la certeza de que sería eliminada, por incongruente y acusada de mentir: Nada, ni nadie en la maquinaria gubernamental, aceptaba haber cometido errores, la financiación de la misma provenía del gigante de la ingeniería transgénica, que avanzaba a un ritmo frenético, despojando a la tierra, de la vida en el mar, convirtiéndola en campo de cultivo para reinventadas bacterias y virus, creados en pequeñas e inofensivas probetas, de los que se proveían para sus lucrativos fines. La inmortalidad, la juventud eterna, la belleza estereotipada y la erradicación de la enfermedad, eran algunos de sus objetivos, algunos conseguidos, otros en grotesco proceso de pulido, denominado estudio.

Coco nunca regresó. Se instaló en la comarca, petrificada por el miedo, que fue más poderoso que su intención inicial: transmitir el legado erróneo para paliar futuras desdichas. La cobardía estaba en proceso de estudio con exiguos recursos, no interesaba demasiado esa peculiaridad del ser humano. A veces pensaba con ironía que quizás en un futuro muy lejano, pudiese acceder a la cura.

La cronista se sienta en la taberna noche tras noche
y escucha a la vieja de ojos sabios, que narra con
perpetua letanía, cómo se salvó gracias a una cometa en fuga tras la que sus pies volaban, y le muestra su dedo índice, amputado por un minúsculo e insignificante grano de arena impregnado de ponzoña, que flotando en el viento, se adhirió a su mano cuando apenas era una niña e imprimió en ella una inmortalidad defectuosa, mientras señalaba aterrada la agonía de su madre.

24 comentarios:

  1. Soberbio, impregnado de las más absoluta crudeza.

    Besos muchos ♥♥♥

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  2. Sobrecogedor y aterradoramente triste, pero bello... Un placer leerte. Buen fin de semana.
    Un saludo!

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Te deseo un buen inicio de semana, Balagar...
      el relato es triste y potencial, sólo tenemos que echar un vistazo a los vergonzosos titulares de los últimos días... Un abrazo!

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  3. Hola, pasamos para invitarte a un sorteo que quizás sea de tu interés, el premio es la realización de la portada de tu libro, blog novela, cuento…cualquier obra literaria que tengas lista o en proceso, para más detalles puedes consultarla en el siguiente link:
    http://rbcbook.blogspot.mx/2013/11/por-primera-vez-sorteo-gana-el-diseno.html
    Saludos.

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    1. Agradezco el detalle de vuestro ofrecimiento, me paso a visitaros!, un saludo!

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  4. ¿Has sentido alguna vez que habitas en un enjambre?

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Te diré que sí, que muchas veces, como abeja obrera... mala suerte he tenido, afortunada la reina que maneja el cotarro... un saludo!

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  5. Maravilloso... Me gustó muchísimo...
    Un saludo, y ¡¡¡felicidades!!!

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    1. Gracias Eva, ¡me alegra que te guste!, ¡un saludo!

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  6. Triste relato que demuestra a las claras tu talento para la narrativa. Excelente, gracias por compartirla y por tu aporte a la cultura. Pues escribir bien enseña.
    Un beso grande.

    Pd No quisiera meterme en donde no me han llamado, pero quien te pregunta del enjambre no te está ofendiendo sino que te invita a que visites el blog donde ha escrito algo sobre ese tema. A mí me pasó... fuí a ver y era así.

    Besos

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    1. Gracias por pasarte Luján, y por tus palabras!, en cuanto a lo del enjambre, no me siento ofendida, pero creo que no es justo que solo quieran una opinión acerca de SU trabajo, ignorando el hecho de que yo siempre o casi siempre que el reloj me lo permite, soy muy respetuosa con mis compañeros, los leo y dejo mi humilde opinión...
      Un abrazo muy grande!!

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  7. Un relato estremecedor, Beth. Además, perfectamente posible. De hecho se está produciendo a ritmo lento pero inexorable en muchos de los mares de ets mundo nuestro tan azul, tan bello y tan generoso con todos sus habitantes. Una sola especia animal es la que está provocando innumerables alteraciones en un entorno indefenso y que, a pesar de las agresiones que sufre, es capaz de disculpar su maltrato y regenerarse. Estupendo relato y esrupenda denuncia.

    Un fuerte abrazo, querida Beth.

    P.D.: Hace unos minutos, después de releer tu relato, Beth, me ha sorprendido no encontrar el comentario, creo que similar al a este, que escribí hace ya cinco días. Sospecho que los electrones se enfadaron conmigo o con la tecla inoportuna que pulsé. Lo siento. Un beso.

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    1. Antonio, veo que has captado perfectamente la intención de mi relato, gracias por tus palabras!, en cuanto a la desaparición del comentario, no tengo ni idea de lo que puede haber ocurrido, me parece que blogger anda un poco loco últimamente... Te devuelvo el abrazo!!!

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  8. Si te quedaras inmóvil, te crecería MUSGO en la piel?

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  9. Me has hecho temblar de miedo y tristeza. Muy buen relato corazón me ha encantado

    Un besote

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  10. Me ha encantado, tienes una página muy linda...te felicito.

    Un saludo.

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  11. Libre al fin de las cargas cotidianas, me he dado cuenta que no había pasado por aquí. Te lo dije antes y te lo digo ahora, leerte es siempre un motivo de alegría. Mientras te leía pensaba que perfectamente podría estar ocurriendo lo mismo en cualquier lugar del planeta.
    Esta Coco que te admira profundamente te agradece en el alma ese hermoso detalle de haber pensado en mi por dos segundos.

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    1. Gracias querida mía, he pensado en ti más de dos segundos mientras escribía el relato, porque te imagino así de audaz, aventurera y obstinada... jajajaj y¡ te gustan los zombies y las historias crudas!, un besazo y gracias por pasarte neni!

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  12. Olá Querida Bete!

    Passei para te deixar um Feliz Natal de muita paz, saúde, prosperidade, e muita Luz!

    Grande abraço fraterno,

    Lecy'ns

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    1. Igualmente, te deseo una Feliz Navidad, gracias por tus buenos deseos!
      Abrazos!

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  13. Hola, Beth:

    Ando un poco liada con esta historieta de la Navidad ;) y no tengo mucho tiempo de contestaros como merecéis en mi bitácora. Y me he dicho: "Voy a hacer una visita a Beth y así le felicito el año". Y me he picado con este relato que creí haber leído, pero...

    Uffff, a medida que iba leyendo se me ponía la carne de gallina. Como dice el inteligente y audaz comentario de Antonio Campillo: solo una especie animal, con sus incrongruentes, despiadados y absurdos actos, es capaz de echar paletadas de cemento sobre su propio tejado y encima disculparlo en aras de un "supuesto" progreso y ¿calidad de vida?

    En fin... Que te mereces ese premio y te felicito porque es una historia muy bien narrada.

    Espero que tu inspiración se mantenga incólume en el 2014 y que las musas te sigan regalando toneladas de letras y de arte.

    Un beso súper grandote y feliz entrada de año.

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