Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

martes, 18 de diciembre de 2012

SIN PIEDAD



Aquel día recibí un sobre que contenía un billete de avión acompañado por una escueta nota que decía:
“¡Sórbete los mocos y ponte en marcha! te necesito aquí y ahora”
Me quedé atónita mirando el papel y maldije a Lía, que continuaba con su vieja costumbre de fustigarme con su irónico sentido del humor. Nos conocíamos desde siempre, compartimos piso en la Universidad y me harté de ella, de su brillantez, de su falta de seriedad, de sus estridentes carcajadas ante mi expresión de reproche. Siempre se retrasaba en los pagos de su parte del alquiler y me distraía continuamente en épocas de exámenes organizando fiestas y citas dobles a las que yo me negaba a asistir. Me asombraba su capacidad de vivir con la frescura del que posee la certeza absoluta de que la vida es maravillosa. Aún me pregunto cómo fuimos capaces de doctorarnos en la facultad de medicina en medio de aquel caos.

Me deslicé sobre el parquet, que crujió ligeramente bajo el peso de la silla a la que estaba encadenada desde el accidente, en busca de la papelera para arrojar con rabia el papel. “Ponte en marcha”… aquellas palabras me quemaban las retinas. Un estúpido accidente de coche al que sobreviví gracias al cinturón de seguridad, me había seccionado la médula y no volvería a caminar. Lía, estuvo allí día y noche, moviendo los hilos, configurando y sopesando la gravedad, poniendo en jaque a todos los compañeros del equipo médico. Cuando llegó el momento, ella fue la que me restregó la realidad con minuciosidad, sin miramiento alguno.

Se dedicó a cuidarme en cuerpo y alma, durante un año y medio me lavó, alimentó y acunó cuando mi llanto me hacía convulsionar en espasmos incontrolables, más tarde desplazó tabiques, amplió huecos y compró mobiliario que se adaptara a mis necesidades. Yo la observaba en silencio arrasarlo todo como un torbellino. Tras la desesperación que me sumergió en una espiral de intenciones suicidas, me sobrevino el letargo. Y un buen día le dije que se marchara. La obligué a salir de mi vida, fui cruel, desagradecida, le dije que no la soportaba ni un minuto más. Me miró durante unos segundos y simplemente asintió con la cabeza.

No supe nada de ella durante seis años y ahora recibía aquella nota sarcástica y un billete con destino a África que tambaleaba mi existencia.
Ignoro en qué momento obvié el sentido común, preparé la mochila y me fui al aeropuerto, sorteando miles de obstáculos que me hacían considerar seriamente la posibilidad de haberme vuelto loca.
Cuando el avión aterrizó, allí estaba ella, exhibiendo una sonrisa de oreja a oreja, me besó en la nariz y suspirando exclamó “¡ya iba siendo hora colega!”. Nos sostuvimos la mirada y no fueron necesarias palabras o gesto alguno. Yo sabía perfectamente que ella me estaba rescatando de una vida que aborrecía.

Recorrimos caminos infernales hasta llegar a la aldea perdida en la que se ubicaba un pequeño dispensario, nos recibió una multitud de niños alborotados que no cesaban de manosear mi reluciente silla de ruedas, aquella noche se celebró una pequeña reunión en mi honor, Lía danzaba al compás de las voces que entonaban canciones ancestrales y me miraba burlona, satisfecha, contoneando las caderas grotescamente e instándome a participar. Lo hice, por primera vez en varios años, bailé.
Al día siguiente me asignó un pequeño habitáculo y me inundó de trabajo argumentando que “ya había vagueado suficiente”: vacunas, heridas, fiebres desnutrición… sólo necesité mirar a mi alrededor para aceptar que la vida, incluso perpetuamente sentada en mi trono de metal, me había ofrecido una segunda oportunidad, la loca de Lía, que me atormentaba con sus desmanes, su falta de conmiseración y lástima, también lo sabía, simplemente me indicó el camino que yo había olvidado hacía tiempo, en la cuneta de una carretera.

8 comentarios:

  1. Precioso canto a la amistad, Beth; si una amiga o amigo (del alma) no tiene un punto 'tocapelotas' que te haga saltar de tu cómodo resorte, seguramente no merecerá la pena.

    Magnífico, Beth. Me ha encantado volver a enredarme en tus palabras ;) es que... ¿sabes? ¡es un placer leerte, compañera!

    Me encanta esa manera tan intensa que tienes de enganchar emocionalmente al lector, enhorabuena.

    Un abrazo de letras desenredadas con sumo gusto :D

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  2. Gracias Mar, me alegro que te enredes y es un honor viniendo de alguien que posee el talento que tú tienes para hilar palabras y emociones, un abrazo!

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  3. Preciosa historia, Beth. Has escogido las palabras perfectas para escribir sobre algo, hasta hace bien poco, desconocido para mí: la amistad.
    Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro, y yo estoy segura de que tú eres na chica afortunada.
    Es un placer pasarme por aquí, leerte.

    Un beso.

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    1. Gracias Galia!, soy afortunada, sobre todo por tener lectores tan generosos como tú. Un besazo!

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  4. Muy Bonita la historia!! Me han encantado como escribes!!
    Aquí te dejo mi blog por si quieres echarle un vistazo y haber si te gusta!!
    www.masqliteratura.blogspot.com
    Enhorabuena por la historia! :)
    Besos

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    1. Gracias VM, bienvenido a mis historias y sin duda que te visito! Un saludo!

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  5. ¡Qué falta hace siempre que alguien que nos conoce mejor que nosotros mismos nos sacudas las estructuras y nos de una mejor perspectiva!. Un placer descubrirte en este nuevo espacio y seguir leyendo lo que compartes.

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  6. Ha sido una delicia leerte Beth, ¡me encanta como escribes!

    Un abrazo y gracias.

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