Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

martes, 25 de diciembre de 2012

NOCHEBUENA EN UN PORTAL

Completamente perdido y aterrorizado. Así se sentía Jon entre la basura que rodeaba sus pensamientos. En un portal cualquiera de la ciudad que lo había postergado a la invisibilidad, entre sombras de ignorancia y marginación. El caballo blanco galopaba  por sus venas al compás de un corazón a punto de darse por vencido. En cuclillas, observaba a los transeúntes pasar con sus compras navideñas y sonrisas impostadas. Las felicidades ajenas no le importaban pero se preguntaba cuándo se había vuelto transparente. La respuesta acudió a su mente abriéndose paso entre neuronas drogadas de vacío y muerte: Una Navidad, seis años atrás, la fiesta de Nochevieja había sido un vuelo directo al infierno.
 Ya no vestía aquel elegante traje de Armani, el reloj y los zapatos los trocó por una papelina semanas después del enganche. Nunca se vio al borde del abismo, creyó que controlaba los subidones pero increiblemente le había fallado el paracaídas. La familia intentó ayudarle y los amigos le hablaron como se suele hacer en las ocasiones incómodas que no están previstas en el calendario de conversaciones molestas, pero él desoyendo cualquier razonamiento se había largado dando un portazo encajado que dejó el umbral de regreso cerrado a cal y canto. Había renunciado a todo por la ponzoña que hechizaba sus sentidos con un falso sentimiento de libertad.
Pensó en su madre. ¡Cuánta impotencia y lágrimas derrochadas!. Y después un adiós quedo, con la mano extendida y los hombros temblorosos. Se arrepentía del daño que le había inflingido a la única persona que jamás le dió la espalda, pero hacía semanas que no la veía, estaba convencido de que ella había tirado la toalla...
Jon quiso morir al recordar la imágen de su madre, quiso volver a ser un niño en vísperas de Navidad, deseó que el destino le diese la oportunidad que nunca llegaba: la de despertar de aquella pesadilla. Las luces multicolores del alumbrado festivo desdibujaban un cielo sin estrellas que tornaba aquella Nochebuena la más fría y oscura que había vivido nunca. Un perrillo pulgoso se acercó a lamerle la mugre de las manos y la tibieza de aquel contacto le hizo estremecer, se abrazó al animal y convulsionó en una mixtura desesperada de mono y llanto, hasta que el alivio del sueño lo transportó a otras épocas.
Una mano familiar le zarandeó suavemente.
-Jon, Jon... vámonos cariño, es la hora...-
-¿Mamá?... ¿eres tú? ... ya voy, espérame...-
Ambos se alejaron despacito, sin prisas, Jon asido de su mano volvía a sentirse niño, trataba de ofrecer explicaciones atropelladamente, de pedir perdón... ella asintió con la cabeza y una sonrisa a la par que musitaba que todo  iría bien. A partir de ahora, ya nada importaba.
El perro vagabundo no abandonó a Jon hasta que las autoridades se ocuparon del cadáver.

3 comentarios:

  1. Beth, me apetecía enredarme en tus palabras porque siempre me calan muy hondo... Uff, ahora me he quedado sin ellas :(( ¡Menudo cuento de Navidad!

    Tus palabras, como nos cuentas las historias, siempre me dejan una profunda huella. Sin duda, yo también creo que existe un umbral a partir del cual, ya nada importa y todo es Amor... Lo que más tristeza me provoca es como llegan hasta él algunas personas...

    No dejes de enredar letras, nunca. :)

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  2. Gracias Mar, es fácil con lectores tan genorosos como tú seguir adelante. Y sí a veces, deberíamos dejar las puertas entreabiertas, para que se cuele algún sentimiento, el que sea, que no es poco en los tiempos que corren... un abrazo!

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  3. Tus relatos realmente no dejan indiferente a nadie...con tus palabras eres capaz de calar muy hondo

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