Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

OCASO



Cedo mi trono con gran placer a cualquier aspirante que sea pertinaz y no sucumba bajo el peso de esta corona, mi reino se apaga ante la mirada atónita de cientos de cuervos anhelando robar los brillos fugaces de espejismos pasados. La lozanía del rostro me abandona en un viaje sin retorno, huyendo de los quejidos que brotan de mis pupilas al contemplar la imagen que el espejo me devuelve. Las fotografías de la pared, amarillas, sujetas por chinchetas oxidadas, me contemplan irónicas y estáticas. La estrella aclamada permanece en un duermevela interrumpido por los pasos crujientes e imaginarios que suenan sobre las tablas apolilladas del apartamento, negando el olvido. De pronto ya no agonizo, alzo el mentón, maquillo mi rostro para ocultar las sombras y resucito a la diva que absorbía las miradas. Me enfrento al destino sin la protección de los abrazos cínicos que me alimentaban con adulaciones y presagios gloriosos, ya han hallado una nueva criatura a la que devorar. El acomodador me indica el pasillo mientras la imagen de la pantalla sonríe con ingenuidad y un espectador en otra fila de butacas suspira de aburrimiento, toma su abrigo y sale de la sala en la que me hallo, mirándome incrédula por los recuerdos que se agolpan en un baúl cerrado de la memoria, aquella escena nunca fue mi preferida, nunca sonrío sin una botella de vodka al lado, es mi mejor amante y la mantengo como hice con tantos otros que juraron amarme y se deslizaron por mi piel dejando cicatrices cada vez más profundas y difíciles de ocultar.

Me he quedado dormida y la proyección ha terminado, una joven se aleja en el horizonte con el cabello flotando, me mira unos segundos y susurra “espérame” mientras un escalofrío recorre mi espalda. Asiento con la cabeza y esta vez sonrío con facilidad al joven que amablemente se dirige a mí como ha de hacerse con los ancianos respetables, le digo “esa era yo, esa soy yo” y lo dejo boquiabierto, me marcho apoyada en el bastón de ébano que un príncipe africano me regaló entre los muros de su palacio, dejando atrás mi reino, decidida a esperar a la muchacha que un día perdí para siempre bajo los disfraces de la maquinaria que me creó para consumirme, desecarme y olvidarme, arrancándome el alma a pedazos. Sí, ahora estoy segura, abdico, cedo mi trono y me reencuentro sin lágrimas con la fugacidad del presente.

2 comentarios:

  1. La tristeza de aquel que ha sido tanto y ya no le quedan más que los recuerdos...
    Que bonito Beth

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    1. Gracias Calderot, me alegro te guste!, un abrazo, espero que estés ya en tu destino, sana y salva, besotes!

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