Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

sábado, 10 de noviembre de 2012

ELLA

Son las doce de la mañana en la sala de espera, el hospital está abarrotado y el calor es sofocante. Me siento y aguardo con calma a que la enfermera encargada de llamar por turno a los asistentes, diga mi nombre. No miro a los demás pacientes, excepto a un hombre que permanece sentado en una silla de ruedas, aturdido y tembloroso. Desde mi perspectiva sólo le veo la nuca plateada y apenas un atisbo de su perfil cabizbajo. Le acompaña una mujer que solícita le limpia el sudor de la frente con un pañuelo pulcramente doblado, mientras mantiene una conversación con otra señora que está sentada a su lado, le explica que es la encargada de acompañar a los ancianos de la residencia en sus visitas rutinarias al centro. De pronto la voz del hombre brota atronadora en el recinto, acallando los cuchicheos que poco a poco han ido en aumento ignorando los múltiples carteles que piden silencio:  "¡ELLA!"...."¡ELLA!"..."¡ELLA!"... clama con angustia a la par que extiende una mano e intenta asir una figura que solo él puede ver, oculta entre sombras y vacío. La acompañante se pone nerviosa. "Tranquilo tío Manuel, tranquilo..." y trata de disculparse ante los presentes, diciendo que la cabeza le falla, que en la residencia no saben a quién llama porque está solo en el mundo.  No dijo más palabras que "ella", en tono quejumbroso unas veces, enfadado otras y con tristeza la mayoría. Hallado un punto de distracción en el alboroto que rompía la monotonía de la espera, cuando el anciano rompió en llanto, la sala se sumió en un baile de gestos incómodos, cruce de miradas, cejas contrariadas e incluso alguna que otra  sonrisa disimulada.  En mi mente me preguntaba quién sería la persona a la que tanto anhelaba, ¿quizás una esposa, una amante, una amiga?, acallé mi curiosidad natural y me marché de allí con la certeza de que "ella" sólo era propiedad del tío Manuel y del Alzheimer que guardaba celosamente sus secretos.

3 comentarios:

  1. Precioso, Beth. Has descrito de una forma muy acertada el ambiente que rodeaba al tío Manuel y has transmitido muy bien los sentimientos que provoca una enfermedad tan miserable como ésta, que necesita nutrirse de nuestros recuerdos para poder abrirse paso...

    Da gusto leerte, Beth. :)

    Por cierto, te felicito por tu selección con el anterior, "Destino", se me ha puesto la carne de gallina (nunca mejor dicho); si lo piensas a fondo, deberíamos alimentarnos solo de lo que nos da la tierra y dejar ya de una santa vez a los animales en paz, las únicas criaturas que saben aceptar su destino y que son capaces de enseñarnos lo que significa el Amor de verdad.

    Un placer enredarme en tus palabras, lo seguiré haciendo :)

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  2. Gracias por pasarte Mar, me alegro que te gusten mis "cosillas";) un placer tenerte por aquí, no espero más y voy a leer el enlace que me dejas, gracias de nuevo, un saludo.

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