Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

viernes, 9 de noviembre de 2012

DESTINO ( RELATO CLASIFICADO EN SEGUNDO LUGAR EN LA CATEGORÍA SENIOR DEL III CONCURSO LITERARIO H.P. LOVECRAFT)



DESTINO

Sé que mi vida se acaba. Estoy agradecido de que finalice este cautiverio que me ha mantenido estático y aterrorizado desde el instante en que nací. No hay filosofía que pueda explicar este absurdo sentimiento de alivio que siento ante la inminente muerte que me aguarda tras estas paredes que han sido las guardianas de mi corta existencia. Sólo puedo pensar en lo maravilloso que resultará el silencio cuando cierre mis cansados ojos desprovistos de párpados, ojos que involuntariamente me han obligado a contemplar el desfile eterno de moribundos que abandonan el cubil con expresión estúpida, ignorantes de su destino y poseedores de un cerebro demasiado reducido para intuirlo. Resulta irónico que conserve los ojos cuando deseo que me los arranquen como a esos que han sido cegados en defensa del propio espacio vital. Pienso en el silencio. Cesarán los movimientos espasmódicos de los cuerpos que hacinados y malolientes me rodean y las continuas súplicas por el agua y la comida que nos ofrecen mezclada con la hormona adictiva que nos impele a necesitar más y más cada día. Y se irá esa luz. Quiero conocer la oscuridad de la noche al fin.
No soporto el roce de los cuerpos, su tacto me repele, no hay espacio para todos pero he conseguido encogerme sobre mí mismo, hacerme invisible e intocable, no emito sonido alguno, y simplemente observo a mis hermanos morir, deseando ser el siguiente.

Estoy convencido de haber tenido una madre a la que no recuerdo, una esfera cálida me observa continuamente. La perenne luz. No creo que este sea calor maternal, me asfixia su eterno brillo y no puedo sumergirme en el sopor que podría reparar levemente la tortura de este encierro, así que sueño despierto con la que pudo darme la vida, me pregunto cómo sería, porqué no impidió que me capturaran y en ese requiebro de mi mente, odio efímeramente su imagen invisible.
Los guardianes nos vigilan alerta, impiden cualquier intento de ataque o suicidio, ellos son los dioses que deciden el momento, seleccionan por tamaño y edad: permiten a los más jóvenes disfrutar de una semana de vida más infundiéndoles falsas esperanzas, los viejos son despellejados y desechados sin misericordia como carroña y pocos son los que no intentan huir decapitándose a sí mismos entre los barrotes afilados, dejando un reguero de sangre y putrefacción, quedando algunos momificados en breve tiempo a causa de la extrema deshidratación que sufren, siendo pasto de las moscas, que caen muertas al final del día, ¡cómo las envidio!, un solo día de existencia y todo se acaba con un fugaz zumbido de alas. Miro al suelo y veo la alfombra de insectos que cruje bajo los pasos de nuestros carceleros, se aproxima mi turno, en la plenitud de mi existencia soy ideal para la selección y no lucharé contra ellos cuando vengan a buscarme, son demasiado fuertes, gigantes y poderosos, sería inútil. Las leyendas cuentan que hubo un tiempo en el que podíamos caminar por el exterior, extender nuestros brazos y sentir el viento deslizarse bajo las axilas, me pregunto a qué olerá la tierra, el musgo, la libertad. Imagino paisajes exentos de barbarie y pánico, verdes bosques en los que refugiarme en busca de un olvido que resulta inalcanzable.

Me asirán por el cuello con brusquedad en cualquier instante sin mediar palabra o gesto alguno, sus rostros no denotan atisbo de sentimiento, su rudeza es mayúscula y no cesan de parlotear entre ellos sobre asuntos ajenos al trabajo que realizan, ningún tipo de moral acompaña sus actos y de pronto soy consciente de que se trata de un acto mecánico. Me estremezco. Quisiera ser un mecanismo también, no sentir el miedo y la maldita luz que me mantiene insomne ante la posibilidad de ser castrado sin motivo. Las mutilaciones son constantes: labios, piernas, cabezas y una serie de miembros inidentificables mezclados con nuestros propios excrementos, que nos rodean cual estandartes vencedores de los que alcanzaron un fin prematuro y agónico, desangrándose como manantiales espesos y templados que se secan a los pocos minutos.
Desearía poder cerrar los ojos, esta sempiterna observación me volverá loco antes de morir, estoy seguro. He de alejarme de la realidad para que las horas transcurran deprisa, sin embargo los minutos se agolpan uno tras otro y paralizan el tiempo en esta jaula que comparto con tantos otros de mi especie, así que vuelvo a pensar en las leyendas: Se rumorea que algunos individuos dados por muertos y abandonados en los depósitos de despojos, fueron rescatados y reanimados por algún ser piadoso y magnánimo, que no debe ser otro que el mito al que todos aferramos la esperanza, cuentan que los trasladaron a cielos abiertos y se recuperaron de sus heridas, fueron integrados en el sistema sin prejuicio de su origen y tuvieron vidas largas y dignas.

¡Santo cielo!, todas esas tonterías me aturden con ilusiones estúpidas.
Intento aspirar el escaso oxígeno de que disponemos y me flaquean las piernas, no debo caer al suelo, sé que me aplastarán para adueñarse del espacio que ahora ocupa lo que debió ser mi cuerpo natural, transformado ahora en un espécimen transgénico, deforme y jadeante, producto de los múltiples experimentos genéticos que hacen con nuestra raza. Me pregunto si los demás seres que habitan este planeta sufrirán las mismas condiciones que nosotros, inmundicia viviente, que ha nacido para morir.
Aún poseo un vago recuerdo de mi nacimiento, fuimos separados de nuestras hermanas a las que utilizan como esclavas, ellas no tienen consuelo, las oímos gritar, agitarse desesperadas cuando tienen la menstruación inducida mediante fármacos semana tras semana, su agonía es más lenta que la nuestra ya que, a ellas las dejan vivir algunos meses más, hasta que no soportan la presión y se quedan secas, estáticas, incrédulas e inservibles. No las envidio. Me conformo con ser lo que soy, estoy preparado a pesar de que una insistente pregunta martillea mi cerebro:
“¿Porqué puedo pensar?”, no conozco la respuesta, pero el hecho de que lo haga, me hace intuir que poseo una inteligencia desconocida por “ellos”. ¿Qué sucedería si compartiéramos un mismo idioma?, la lógica me indica que nos sublevaríamos ante razonamientos estúpidos, expuestos sin demasiada confianza para explicar los motivos de sus actos. Me apetece soltar una carcajada, ¡sublevación de tullidos, ciegos y abominaciones!, sin duda esta guerra la perderíamos en la primera batalla, con un manotazo de nuestros enemigos, saltaríamos por los aires en mil pedazos, se perdería la gloria de este ejército sumiso y oprimido, forjado en plástico y carne caduca.

Las máquinas trituran los huesos y producen una neblina de polvo que lo inmaterializa todo, respiro al hermano que estuvo ayer a mi lado y me robó la ración de bazofia, no siento compasión por él. Tendré una muerte como la suya, me electrocutarán, si tengo suerte moriré al instante, si por el contrario me queda un halito de vida notaré cómo me manosean mientras me tajan el cuerpo con los cuchillos afilados y anhelantes que no conocen descanso alguno.
De esta experiencia en el averno he llegado a una conclusión que me ofusca: no les importa nuestra vida, sólo nuestra muerte, a la que no ponen especial atención, sin remordimiento alguno. A pesar de todo, a pesar de toda esta infernal y breve vida, de formar parte de una especie despreciada, ser de una raza equivocada, me resulta paradójico que, los que como yo seremos seleccionados de inmediato para ese destino que nos aguarda, vayamos a poseer una tumba, propia, individual y bella. Tumba pulcra, estéril, urna de cristal digna del rey que nunca fui, en la que yaceré apaciblemente y en cuyo epitafio rezarán en letras tintadas de negro, el color que jamás conocí, las palabras que me describen ante el resto de la Humanidad:

                                             “¡OFERTA: POLLO FRESCO!”

10 comentarios:

  1. Muy bueno Beth, lo cierto es que tiene un final inesperado y mientras vas leyendo, no se te ocurre que no sea otra criatura que un humano.
    Qye realidad tan cruda para las aves XD!...
    Un beso

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  2. Cielo santo! imposible comer pollo en bastante tiempo... Es que si lo pensamos nos voleveriamos vegetarianos! Buen fin de semana.

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  3. Conforme iba leyendo, pensaba "uy uy uy... que no va a ser un hombre..." Muy bien relatada la sensación de asfixia, al mugre, el maltrato. ¡Qué horror!

    ¡Muy bueno!

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. La granjas de cría intensiva y las condiciones en las que se hallan los animales son terribles...

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  5. Muy bueno tu relato Beth. Felicitaciones. Lou

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  6. Muchas felicidades por tu relato, Beth. Yo te otorgaria (no el segundo)todos los primeros premios del mundo por él... Es impactante,tétrico y crudo... posee una gran fuerza conmovedora... Uno de los mejores alegatos que he leido en defensa de los cruelmente maltratados animales...

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  7. Gracias Ona, me alegro que te halla gustado, ¡un abrazo!

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  8. Éste me ha encantando, un golpe de efecto buenísimo, y la atmósfera es genial. A mí no se me habría ocurrido algo así. Perturbador.

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