Bienvenidos; os invito a leer, si os apetece, mis palabras enredadas.

martes, 30 de octubre de 2012

INSOMNIO




Estás deseando que llegue la noche: vas de puntillas por las habitaciones, arropas a una, enderezas a otra, apagas todas las lamparillas preguntándote por qué tienen la manía de dormirse con las luces encendidas y recuerdas con remordimiento que es culpa tuya, cuando eran bebés te entraba la paranoia de que en la oscuridad no podías comprobar que seguían ahí, como si pudieran escaparse por entre los barrotes de la cuna cual anguilas escurridizas y prófugas. Tu marido llega hecho trizas cada día, ronca como un vikingo y le haces la del "pshs pshs!" hasta que se mueve inconscientemente al oír esos ruidos extraños que has perfeccionado con los años y sólo tienen significado en esa situación, si se lo hicieras a alguien en la calle, pensarían que te falta un verano, por eso nunca le chistas al pescadero ni a la panadera, aunque en el ínterin sabes que tu "¡pshs!" es el mejor. Bien, ¡todo en orden!, ha llegado tu momento feliz, te relajas viendo una peli, dos pelis, a la tercera un pensamiento machacón irrumpe en tu mente: necesitas dormir. Tienes sueño, estás agotada y te acuestas: una vuelta, otra, hace calor, te quitas la manta, hace frío, te pones la manta, un pijama y calcetines, entonces no puedes moverte, la sensación de que la ropa es una boa constrictor se apodera de ti, ¡pero si siempre duermes en camiseta!, fuera todo de nuevo, el vikingo continúa durmiendo como un pagano y en ese momento le dices aquello tan socorrido de: "¿duermes?"...silencio...si no le quisieras, ¡le odiarías!. Todas las terminaciones nerviosas de tu cuerpo están alerta, un vaso de leche, un pitillo, un paseo, pones otra peli pero no logras seguir el argumento porque en tu mente, como un gran cartel de neón está anclada la palabra "DUÉRMETE". El protagonista es guapo, mira a cámara y tú le preguntas: -¿qué?...¿es a mí?... perdona pero no te comprendo- y te percatas de que hablas sola, "¡socorro!", el reloj avanza impasible: la una, las dos, las tres... te ha dado tiempo a preparar un guiso, "adelantando trabajo", piensas satisfecha, ¡serás lela!. Al fin te acuestas decidida, como un búho sopesas los pros y contras de tu vida, escuchas como en el piso de arriba alguien arrastra las zapatillas, en la calle el camión de la basura va a despertar a todo el vecindario pero no ocurre ¿cómo es posible con el ruido que hace? , finalmente cuando despiertas no sabes en qué momento te has dormido y ¡qué rabia no saberlo!... te otorgan un trofeo y no sabes por qué lo has ganado. ¡Ay amigos! pero llega el fin de semana, cuando no existen las prisas, colegios ni vikingos derrotados, estás más relajada, duermes mejor, tranquila, hasta que el mundo confabula contra ti: todos y cuando digo todos, incluyo a Lulú la tortuga, criatura afortunada a la que envidiarás eternamente por las siestazas que se pega, a las ocho de la mañana están danzando a tu alrededor y acude a tu mente una sola palabra sin que puedas evitarlo: ¡Maldición!

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